martes, 19 de febrero de 2008

“La educación lleva en su nombre la voz de quien la emplea” (Abel Desestress)


La educación que ha prevalecido en el pasado ha sido muy insuficiente, incompleta, superficial. Solamente crea personas que pueden ganarse la vida, pero no da ninguna percepción clara de la vida en sí misma. No es solamente incompleta, también es dañina, porque está basada en la competencia.
Cualquier tipo de competencia es de raíz violenta y crea personas que no saben amar. Todo esfuerzo es para conseguir algo: un nombre, fama, toda clase de ambiciones. Naturalmente tienen que luchar y estar en conflicto con ellos mismos. Eso destruye sus alegrías y destruye sus amistades.
Parece como si todos estuviesen peleando en contra del mundo entero.
Hasta ahora la educación ha sido dirigida hacia una meta: Da importancia al futuro, más importancia que al presente. Sacrifica el presente por el futuro. Y esto se convierte en tu propio estilo de vida; estás siempre sacrificando el momento por algo que no está presente. Esto crea un profundo vacío en la vida.



El profesor ha tenido inmensa importancia en el pasado, porque sabía. Él había ya pasado todos los exámenes, había acumulado conocimientos. Pero la situación ha cambiado y éste es uno de los problemas, que las situaciones cambian pero nuestras respuestas permanecen tal como era antes. Ahora la explosión de conocimiento es tan vasta, tan tremenda, tan rápida, que no puedes escribir un gran libro sobre un tema científico, porque cuando lo termines, estará anticuado; nuevos datos, nuevos descubrimientos lo harán inoperante. O sea, que ahora la ciencia tiene que depender de los artículos, de los periódicos, no de los libros.
En el futuro, la educación estará centralizada en las computadoras y en la televisión porque lo que se puede ver gráficamente es más fácil de recordar que lo que se lee o se oye. Los ojos son instrumentos mucho más poderosos que los oídos, o que ningún otro medio, y se evita el aburrimiento de leer y escuchar. Por el contrario, la televisión se convierte en una experiencia divertida. La geografía puede enseñarse con muchos colores…



Pero acerca de la historia tenemos que tener un punto de vista completamente radical. Ahora la historia consiste en Genghis Khan, Tamerlane, Nadirshah, Adolf Hitler, etc. Esta gente no es nuestra historia, son nuestras pesadillas. La sola idea de que seres humanos puedan ser tan crueles hacia otros seres humanos da náuseas. Nuestros hijos no deben nutrirse de esas ideas.
En el futuro, la historia debería consistir solamente de grandes genios que hayan contribuido con algo a la belleza de este planeta, para la Humanidad.
Tendríamos que enseñar la grandeza positiva de nuestra herencia,
Adolf Hitler. Pueden tener un sitio sólo en notas al pie de página o en un apéndice, con la explicación clara de que eran o bien locos, o sufrían de algún complejo de inferioridad, o de algún otro desorden psiquiátrico.
Tenemos que concienciar a las generaciones futuras de que existió una parte oscura en el pasado y que dominó al pasado, pero que ahora no hay lugar para esa parte.
Lo que falta en la educación actual, el arte de vivir. La gente da por sentado que sabe lo que es el amor. No saben… y cuando saben, es demasiado tarde. Cada niño debería ser ayudado a transformar su ira, odio, celos, en amor.
Una parte importante tendría que ser también el sentido del humor. Nuestra mal llamada educación crea gente seria y triste. Y una tercera parte de tu vida se desperdicia en una universidad, en hacerte serio y triste, esto se impregna; te olvidas del lenguaje de la risa y el hombre que olvida el lenguaje de la risa se ha olvidado de gran parte de la vida.

“Nunca he sido inteligente, más bien solo deje a la vida que hiciera su tarea por mi” (Abel Desestress)