miércoles, 7 de mayo de 2008

CARTAS DESDE CUBA Medio siglo de embargo


“De que sirve que Dios te haya dado libertad, si estas prisionero de tus locuras”. (Abel Desestress)

Fernando Ravsberg
Varias personas se me han acercado últimamente para preguntarme por qué no hablo en el blog del embargo económico de Estados Unidos contra Cuba, una medida que ya se aplica por más de cuatro décadas con graves efectos para la economía nacional.

Recuerdo que en una recepción, Michael Kosak, el entonces jefe de la sede diplomática de los EE.UU. en La Habana, nos explicaba que lo que afecta realmente a la economía no es el embargo, sino las políticas aplicadas por el gobierno cubano.

"El embargo es sólo una excusa", nos dijo el diplomático, y a mí se me ocurrió la mala idea de preguntarle por qué entonces no levantaban el embargo y dejaban al gobierno cubano en evidencia ante la opinión pública.

Evidentemente la pregunta no fue muy diplomática, porque el funcionario no me respondió, dejó de conversar con los periodistas y durante varios meses no me invitaron a sus recepciones, lo cual lamenté profundamente porque brindan unos excelentes canapés.

Es cierto que el tema del embargo es usado por muchos dirigentes cubanos con el fin de cubrir sus errores económicos y de todo tipo, el propio Raúl Castro lo ha reconocido, pero de ahí a decir que no afecta a Cuba hay un largo trecho.

Si no, que le pregunten a mi vecino Jesús, que tiene un automóvil norteamericano de los años 50 y lleva décadas inventando piezas y adaptando otras porque desde que JFK cerró el comercio bilateral no ha entrado ni una bujía.

Y así pasó con el transporte público, la industria, los centrales azucareros y con todo lo demás, porque todo era de procedencia estadounidense y por lo tanto todo se quedó sin las piezas de repuesto necesarias para seguir funcionando.

Podría parecer una vieja historia, si no fuera porque este embargo se mantiene hasta nuestros días y, aunque ya el país compra sus maquinarias en otras partes del mundo, las restricciones de EE.UU. siguen afectando.

La prohibición de viajar a Cuba -penada con multas de miles de dólares y prisión- le quita a la isla su principal mercado turístico que, por cercanía y poder adquisitivo, podría duplicar el actual ingreso de ese sector.

Tampoco Cuba recibe créditos de los principales organismos financieros mundiales -FMI, BM, BID- porque Washington los bloquea. Así, La Habana debe desarrollar muchos de sus proyectos en base a créditos duros y de corto plazo.

Podría citar miles de ejemplos más, la prohibición de ingreso a puertos norteamericanos de los barcos que hayan estado en Cuba, la limitación del envío de remesas familiares, el pago de la compra de alimentos en estricto contado, y un largo etcétera.

Es cierto que durante décadas tuvieron el apoyo soviético, pero evidentemente eso no significó un salto tecnológico; conocí una fábrica de tubos plásticos de tecnología socialista en la que había que invertir $1, 15 para producir $1.00.

Pero hay cosas más dramáticas que la economía. En una visita de carácter personal a la sala pediátrica del hospital oncológico de La Habana me dijeron que faltan algunas medicinas porque el embargo les impide comprarlas.

Recorrer aquella sala me encogió el corazón, ojos cargados de sufrimiento, cabezas sin cabello y mucho dolor, el de los niños y el de sus familiares, que sufren en medio de una lucha feroz por rescatar a sus hijos de los brazos de la muerte.

Conversé con uno de los médicos y me explicó que había muchas dificultades para comprar algunas medicinas "porque son norteamericanas y cuando ellos se enteran de que son para Cuba bloquean la venta en cualquier parte del mundo".

No podía creer que hubiera funcionarios de gobierno cobrando un salario por impedir que se compren medicamentos para niños cubanos con cáncer, así que lo consulté con la sede diplomática de los EE.UU. en La Habana.

Me enviaron unos párrafos de la ley norteamericana en la que se especifica que sí se puede vender a Cuba medicinas pidiendo una licencia del Departamento de Comercio y cumpliendo estrictamente sus normativas.

Parece sencillo hasta que se lee el párrafo siguiente, donde se explica que la empresa vendedora debe monitorear que los medicamentos sean utilizados sólo en pacientes cubanos, lo que implicaría tener inspectores en cada policlínico y hospital de la isla.

Yaimé Montes de Oca -la niña que fui a ver al oncológico- tenía 13 meses y no llegó a cumplir los dos años. Seguramente nada la habría salvado, ninguna medicina hubiera podido contra ese tumor que la devoraba por dentro, pero eso nunca lo sabremos.